De todas las antiguas historias y leyendas del salvaje oeste americano, desde la búsqueda de la redención de Buffalo Bill al duelo en el O.K. corral, pasando por la matanza de Little Big Horn, hay una que todavía hoy hace que aquellos que la narran escupan al suelo: la historia de los tres traidores. Tres nombres malditos dentro de esa eterna narración de mitos escrita con sangre y duelos al sol: Pat Garret, Jack McCall y Robert Ford.

Pat Garret es famoso por acabar con la vida de William Bonney, más conocido como Billy el niño, cuando el famoso forajido tenía 21 años de edad. Muchos podríamos pensar que Pat Garret fue considerado un héroe por terminar con los días de un peligroso criminal, sin embargo, en aquellos tiempos los forajidos de leyenda eran los personajes de las novelas de aventuras, y sus vidas eran narradas a través de todo el país, en aquellos tiempos de fronteras diluidas en los que la razón la daba el cañón de un Colt Navy. Billy era un asesino, pero sobre todo era una estrella. Pat Garret, para colmo, había sido su amigo, y aceptando una recompensa de 5.000 dólares de la época y un puesto como sheriff, salió a la caza de su antiguo compañero de fatigas. Sin embargo, Billy que todavía confiaba en Garret, lo dejó acercarse, ya que este presuntamente le avisó de todo el asunto prometiéndole tiempo para huir. Finalmente, Garret y sus hombres lo cercaron en Fort Summer. Billy, que todavía confiaba en su viejo amigo, fue a encontrarse con él entrada la noche, desarmado. Desde la penumbra pronunció sus últimas palabras (que por cierto, fueron dichas en castellano): -¿Quién anda ahí? ¿Eres tú, Pat?. La única contestación que encontró fue el del disparo del rifle Sharps de Garret, escondido tras las sombras. Para muchos, aquello lejos de ser una gesta, fue un asesinato, una traición que había acabado con una leyenda del oeste más auténtico. Aquel recuerdo acompañó a Garret durante el resto de su vida, mientras la gente seguía comprando novelas que contaban las aventuras de Billy el niño. Finalmente, algunos años después, Garret encontró la muerte a manos de un hombre llamado Jesse Brazel, que alegó legítima defensa y que fue declarado inocente, ante la algaravía popular...
La historia de Robert "Bob" Ford es la más triste e irónica de todas. Todavía hoy se le llama el pequeño cobarde traidor. Desde muy pequeño sintió una fuerte obsesión por el forajido de leyenda Jesse James, que por aquel momento gozaba del cariño popular (se hablaba de él como un héroe), al cual idolatraba hasta cotas enfermizas. A los veinte años, y gracias a que su familia tenía buenos contactos con la banda de los hermanos James (los Ford formaban buena parte de la banda), pudo entrar en el grupo y conocer a su ídolo. Bob Ford era frecuentemente motivo de mofa, tanto por su familia como por los hermanos James (Frank James le mostró su odio de forma directa diciéndole que si volvía a acercarse a él lo mataría). Años después, con un Jesse James cansado y enfermo, el gobernador de Misuri ofreció una suculenta recompensa por su captura o muerte. Algunos miembros de su banda comentaron la posibilidad de entregarlo, lo que llegó a los oídos de James, generando un ambiente paranóico tanto en él, como en los sospechosos de la traición. Tras una serie de muertes, los Ford se encontraban aterrados ante la idea de que Jesse James pudiera ir a por ellos. Charlie Ford, hermano mayor de Robert, que además era un gran amigo de James, intentó que todo se calmara, pero en una de sus aventuras, mientras descansaban en casa de James, Robert aprovechó un descuido (muchos dicen que Jesse James estaba tan cansado de todo que prácticamente forzó la situación a forma de suicidio asistido) para disparar a Jesse en la cabeza, por la espalda, como ya hiciera con el primo de James, Wood Hite un año antes. Jesse murió ante sus dos hijos pequeños y su mujer, y Ford se disculpó alegando que tenía que hacerlo. Realmente Ford tenía miedo de James, pero también es cierto que el gobernador le había amenazado con encerrarlo si no entregaba a James en un corto plazo, y además quería la recompensa. Al principio, Ford se sintió muy orgulloso de su gesta, y se presentaba como "el hombre que mató a Jesse James". Creía que se convertiría en una leyenda del oeste, pero desde el primer momento el pueblo le dio la espalda. Empezó a realizar obras de teatro en las que repetía el asesinato de James con su hermano Charlie, que sin poder soportar el peso de la traición y enfermo, se suicidó de un disparo un par de años después. Ford empezó a ser motivo de mofa y humillación por aquellos que lo rodeaban. Se decía que lo único que se debía hacer para sobrevivir a un ataque de Bob Ford era no darle la espalda. Ford empezó a ser perseguido por el fantasma de James en sus pesadillas. Todavía era su ídolo, aunque hubiera acabado con su vida. Ford recibió miles de cartas con amenazas de muerte e insultos. Su vida en sus últimos años de edad regentando un par de salones y encerrado en su casa (donde la leyenda cuenta que no hacía otra cosa que sacar cartas de una baraja, y en todas veía su muerte) no fue otra cosa que triste. Robert Ford recordaba con cariño los años en los que había estado junto a James, y se arrepentía de haberlo matado. Cuando tenía treinta años, un hombre llamado Edward O'Kelley entró en el salón cargando una escopeta de dos cañones, dijo: -"Hola, Bob". Y cuando Ford se giró, le disparó acabando con su vida. Fue condenado a 62 años de cárcel, pero el gobernador, tras recibir miles de peticiones de libertad al ser considerado como un héroe por el pueblo, lo liberó por motivos médicos tras poco menos de siete años. Nadie se acordaba (o quería acordarse) de Robert Ford, y todo el mundo se refería a O'Kelley como "el hombre que mató al hombre que mató a Jesse James".
De los tres, seguramente el más infame de todos fue Jack McCall, el asesino del héroe del oeste americano Wild Bill Hickock, aventurero fronterizo y hombre de ley. Corría el año 1876, y Wild Bill entró en el salón de una pequeña población fronteriza (posteriormente mítica dentro de la historia del oeste) de mineros situada en territorio indio llamada Deadwood. Wild Bill, gran jugador de póker, decidió unirse a una buena partida que se estaba jugando. Él siempre se sentaba de espaldas a la pared, nunca dando la espalda a la puerta o a una abertura desde la cual pudieran atacarle, pero en aquella ocasión nadie quiso cederle uno de esos sitios alegando que tenían una racha y no querían cambiar. Las ganas de jugar de Bill pudieron más que sus viejas manías, y decidió, por primera vez, dar la espalda a la puerta y la barra. En esa mesa estaba Jack McCall, un cazador de búfalos venido de Kentucky para buscar suerte como minero. La tarde no le estaba dando nada bien, y finalmente perdió todo su dinero. Wild Bill, decidió tener un gesto con él y se ofreció a pagarle una comida y alojamiento para la noche, pero McCall, en avanzado y agresivo estado de embriaguez, recibió aquel gesto como una burla y le amenazó. Wild Bill, que en otro tiempo hubiera liquidado al tipo sin problemas en un duelo, decidió que su actual paz y tranquilidad no iba a verse quebrada por un pobre hombre borracho que no había tenido suerte con las cartas, así que decidió dejarlo pasar. Un rato después, Jack McCall entró en el salón con un Colt 45 escondido en la camisa, se acercó a Wild Bill y le disparó por la espalda en la cabeza. Wild Bill cayó de su silla, aferrando las cartas con su mano (dobles parejas de ases y ochos, conocida como la mano del muerto). Al día siguiente se celebró un juicio en el mismo Deadwood en el que McCall aseguró que estaba vengando la muerte de su hermano a manos de Wild Bill en Abilane unos años antes. El jurado le declaró inocente para escarnio de la prensa local, que tituló con ironía: "Si alguna vez tuviera la desgracia de matar a un hombre, podría pedir tranquilamente que el juicio se desarrollara en alguno de los campamentos mineros que hay por estas colinas." McCall huyó a Wyoming ya que no eran pocos los que querían vengar la muerte de Hickock (entre otros Calamity Jane, o Juanita Calamidad, supuesta amante de Wild Bill), donde empezó a alardear de haber matado a Wild Bill en un duelo justo, por lo que se presentaba como un experto pistolero. Sin embargo, en Yankton (Dakota), alegaron que sería juzgado de nuevo al no considerar válido el juicio de Deadwood. McCall fue condenado a la horca, en la que murío en 1877, menos de un año después de la muerte de Bill. Tras su muerte pudo atestiguarse que su historia alegada en el primer juicio era falsa, ya que nunca había tenido un hermano varón, y la prensa se felicitó por haber destapado la historia de un fanfarrón pendenciero y asesino que había acabado con uno de los grandes héroes de la época.